lunes, 3 de agosto de 2009

DE CUANDO CRUCE LOS PIRINEOS POR PRIMERA VEZ (VI)


La de aquel año fué una gran cosecha, tanto en cantidad como en calidad. Eso se notaba en la cara de satisfacción de los patronos. La vendimia marchaba a buén ritmo y el trajín de los tractores era constante. La cooperativa no daba a basto, hasta se podía observar las enormes colas de tractores que seguian el riguroso orden para las descargas, mientras, dos técnicos, se supone que ingenieros agrónomos, seguian tomando muestras de las uvas, para contrastar luego en los laboratorios, los taninos, los grados de acidez y el nivel de azucar, su calidad en suma, pero importante también, la zona de donde provenian los racimos. Ya habíamos llegado al ecuador de la campaña. y tanto la villa de Minervois, como los patronos, como los vendimiadores, se preparaban para la gran "fete de la vandange" ; la fiesta suprema para todas aquellas gentes laboriosas que durante todo un año, habian vertido mimos, sudores y dineros a sus vides y que ahora se disponian por fin, a recoger el fruto de tantos esfuerzos...Ignotas razones me decian que aquel evento en torno al vino, tenía algo de ancestral...varias veces pregunté en cuanto tiempo se remontaba aquella celebración y nadie se atrevió a darme una respuesta veraz..Parece que la historia ya venia de los galos, pero que se perdia en los anales del tiempo...

Se habia dispuesto un espacio para la velada de baile que empezaba sobre las seis de la tarde. El entarimado para la orquesta frente a Mairie, estaba listo...y a uno de los lados, el inevitable ambigú...Ya durante el dia, desde primeras horas de la mañana, se habian hecho ver y escuchar las majorettes, algo que yo nunca antes habia visto y la verdad es que me sorprendieron...Luego estaban las partidas de petancas, concursos de tractores y no cuantas cosas más...Mi compañero Ignacio y yo, recorriamos el pueblo de arriba abajo y nos parábamos en todas las actividades deportivas o culturales. Varias veces entramos en el club, al igual que lo hacian los demás jóvenes. Casi se diría que éramos nosotros quienes les seguíamos la estela. Tras ellos, siempre presente el juego inevitable del mariposeo juguetón de las chicas que era al final, lo que más me interesaba. Habian dos grupos claramente diferenciados entre los jóvenes. Unos, que englobaban edades hasta los quince más o menos, y otro más heterogéneo, a partir de esa edad, si bién habia algunas chicas que por su desarrollo físico, alternaban los dos grupos, indistintamente.

A una y otra parte de la calle principal habian grandes bancos de piedra entre la acera y la calzada. Y entre ellos, enormes árboles que a mi me parecian centenarios y también amplios espacios para estacionamiento de los coches. El trasiego de autos de los chavales era incesante, mientras unos aparcaban, otros salian en rápidos acelerones. Yo alucinaba con aquel poderio motorizado...¿De donde habian salido tanta juventud y tanto vehiculo?...!Como me habría gustado conducir cualquiera de aquellas máquinas!...En esos momentos no hubiera deseado otra cosa. Pero tanto Ignacio como yo, nos teníamos que conformar con ser meros espectadores de unos acontecimientos protagonizados por otros...En las incesantes movidas, las chicas se sentaban sobre las rodillas de los chicos con una naturalidad que a mi me parecia impudorosa...cosas de la educación recibida, ya sabeis...Luego se besaban, !Pero en la boca!. No era extraño que una misma chica, repitiera los mismos escarceos con chavales distintos en cuestión de minutos, lo que me hacia alucinar todavía más...Y todo el mundo contento y todo el mundo feliz...!Joder con los franceses!...Al reves que en España, en Francia no existia el concepto "paleto". Ninguna diferencia esencial habia entre las gentes de una gran ciudad y un villorrio como aquel. La igualdad estaba garantizada, tanto en la educación, como en la libertad, como en poder adquisitivo y protección social. Eran magnitudes que yo acertaba a valorarlas con cierto criterio. Pese a todo, yo no estaba preparado, así lo creí entonces, para vivir en una sociedad con aquel grado de libertad. Mi machismo excesivo pese a mi escasa edad, me hubiera traicionado a las primeras de cambio.

Odette era una bellísima joven cuyos ojos entre azules y grises, me hipnotizaron desde el primer dia que la vi...Cuando la conocí llevaba el pelo recogido a moño, sujeto en una especie de cofia o gorro. La parte que no, le caia por las sienes a modo de mechones dando a su rostro un aspecto todavia mas juvenil y risueño si cabe. A la agreste belleza de los ojos, le acompañaba el magnetismo de una mirada que derretía. Resaltaba sobre la cara, la húmeda sensualidad de la boca, perfectamente dibujada por unos labios que a mi se me antojaban perfectos, como hechos expresamente para besar y morder...Daba la sensación de que toda la sexualidad que emanaba de aquella hembra, se concentrada en aquel rostro y aún más, en su boca... Odette tenia unos dos años mas que yo, sobre los diecinueve o así. Era pués, para mi una mujer hecha, al contrario que yo, que todavía me veia como un proyecto y eso se notaba en la torpeza de mis relaciones, sobre todo con las chicas. Odette habia iniciado ya los estudios universitarios en Carcasonne, pero en el periodo vacacional vendía pan en el negocio familiar...Desde la primera vez que fuí a comprar a aquella "boulangerie", raro era el dia que yo fallaba a la cita. Siempre era ella la que salia a atenderme...En alguna ocasión que salió la madre la escuché...!Laissez moi, mama! !Je l.atendrais!...Sabia que habia algo en mi que la gustaba, mi intuición me lo decía, aunque no acertaba a definir que...A las mujeres entonces no las conocia...aunque a decir verdad, tampoco he avanzado mucho en este aspecto...hoy 40 años después, sigo sin conocerlas....
-¿Como te llamas?..acerté a preguntarla en un arrebato de valor..
-!Odette!...me contestó prolongando graciosamente la "t".
-¿Odette Bardot?...Inquirí yo desplegando una mundología de la que evidentemente carecia...Soltó unas risas que confirmaban que mi ocurrencia le habia hecho gracia...Aquello me animó...
Todas las tardes despues de la dura jornada de vendimia, Ignacio y yo salíamos por la tarde un rato...Ibamos al club y luego dábamos una vuelta por donde estaba la movida joven...A Odette la solia ver en el grupo de los más mayores acompañada por un chaval de su edad o quizás algo más mayor, con cierta asiduidad y también ocasionalmente por otro...A veces se cruzaban nuestras miradas a la vez que nos intercambiabamos sonrisas y algún que otro guiño de complicidad...Aquello para mi, era casi como tocar el cielo...
-!Que buena está la panadera!...solía decirme Ignacio...
-!Si que lo está!...asentia yo...!Que lejos estaba de imaginar mi compañero de fatigas que aquella atractiva rubia ocupaba toda mi cosmologia erótica...

Hacía dos o tres horas que la orquesta nos obsequiaba con sus sones y la noche se nos habia echado encima casi sin darnos cuenta. La gente seguia bailando y bebiendo... mientras, Ignacio y yo nos conformabamos con ir de tristes comparsas de la fiesta y más solos que la una...pero !joder!, Odette al menos me alegraba la vida...¿Donde podría estar?...No podía evitar, entre el tachín, tachín del baile, lamentar que toda mi aspiración erótica se reducia a inrercambiar alguna que otra sonrisa con Odette. Pero todavia habria de esperar un buén rato para ello. Sobre las diez y media o así, casi en la esquina de la barra del ambigú, pude por fin detectar mi oscuro objeto de deseo...alternaba junto a un grupo de amigos soplando "pastis", bebida alcohólica parecida al aguardiente, muy popular entre los franceses. Entre ellos, como no podía ser de otra manera, a su puto amigo...!Cago en dios!...!Que plasta de tio!...supongo que aquellos ridículos celos, eran los últimos tics de la niñez.
Odette, lucia ahora el cabello en forma de melena, así como la de Francoise Hardy, y vestia una falda estrecha más bién corta que le remarcaba todavía más su ya esbelta figura...completaba el atuendo con una especie de blusa blanca recortada que le dejaba desnudos los hombros...Me pareció que tras la delicada prenda, sus turgentes senos, se movian libres a falta de sujetador, lo podría afirmar porque que los pezones se le marcaban inhiestos sobre la delicada tela...!Apuntan arriba!...me decia el Ignacio...!Dios que guapa iba!...Si en el amor hubiera habido alguna diosa de verdad, no virtual como las griegas, esa era ella, sin ninguna duda...
Observándola deduje que buscaba a alguien entre la gente, actitud que persistió hasta que nuestras miradas se cruzaron...Tras el fugaz encuentro visual, una amplia sonrisa de satisfacción se dibujó en su rostro. ¿Era yo el objeto de su búsqueda?...Ni me lo planteaba, esa es la verdad. Pero me equivocaba de punta a punta, porque el objeto de sus presurosas pesquisas era precisamente quién esto escribe...

Con cierta discrección Odette se habia separado del grupo al tiempo que me hacia con la cabeza un sutil gesto de acercamiento...Dejé a Ignacio con el vaso de refresco en la mano y le dije que me esperara...
-!J,ai un cadeaux pour toi!...me susurró cuando estuve a su altura..
Dubitativo, por no decir torpón, asentí con un interrogativo ¿Oui?...En realidad solo era un subterfugio con el que trataba de ocultar mi más que notoria inseguridad y nerviosismo...
-!Viens!...me dijo en un tono imperativo y sugerente a la vez, mientras me tendia una mano...
Me dejé llevar como un caniche...así nos fuimos alejando entre callejas hasta llegar al lugar donde se hallaba estacionado su "dos caballos", uno igual que el de Phillippe. De sopetón, me empujó contra el auto al tiempo que rodeaba mi cuello con los dos brazos...luego juntó su boca a la mia y me regaló un beso largo y dulce con sabor a "pastis"... Era la primera vez que una boca femenina se fusionaba con la mia...pero solo era un preludio de lo que vendria después.
Me invitó a subir al auto y ya sentados, me dió otro beso, ahora más corto, como de emergencia, como si temiera perder la magia que nos envolvia si no lo daba...Luego arrancó el coche y nos dirigimos hacia algún lugar que ella previamente habia dispuesto, pero no más de medio km. de Minervois, porque los sones de la orquesta todavía nos llegaban con nitidez. Después apagó el motor y descendimos los dos. Odette me volvió a regalar otro beso que me parecío inmenso, siguiendo las mismas pautas del primero, empujandome contra el auto y rodeandome el cuello con sus brazos, pero ahora si, desarrollandolo con toda la intensidad y plenitud de su erótismo. Me sentia a su merced,. yo era suyo y mi sumisión hacia ella era absoluta...extraña posición ésta que me hacía sentir dominado y dominador a la vez..
Cual experto militar, Odette, sin dejar de besarme, evaluaba con movimientos tácticos muy precisos desde otras zonas de su cuerpo, toda mi potencia de fuego. Yo empece a hacer lo mismo aunque de manera mucho más tímida. En un momento, cuando ella lo consideró, nos ubicamos en la parte trasera del vehículo invadidos ya por un deseo irrefrenable y ardiente de fundirnos...En segundos ya le habia retirado la blusa...aquellos pechos tan intensamente codiciados en mis citas con Onam, quedaron del todo libres...eran mios...!Dios como los poseí!...Los acaricié, los apretujé, los succioné y los mordí hasta causarla dolor...un dolor que Odette, me pareció disfrutaba con insana placidez...
Llegado el momento, adoptó una posición mas acorde para recibir mejor la siguiente etapa que se avecinaba. Mi mano, tras abandonar la voluptuosa orografía de los senos, se dirigió presta hacia la zona más sensible de su anatomía...su sexo...el santo Grial me esperaba...
Mis dedos penetraron sus braguitas por arriba y pronto toparon con la espesa mata del ensortijado vello. Fué una exploración lenta, intensa, exhaustiva, sin limitación...pienso que Odette, consciente de mi bisoñez, se dejó hacer...Nunca olvidé aquella húmedad venusiana impregnada de cálidos y viscosos fluidos...ni de los intensos matices táctiles y olorosos, plagados de fragancias hasta ahora para mi desconocidas. Y de como llegaban al resto de mis sentidos a través de mis dedos, que hacian de portadores de la valiosa mercancia...
En un momento del fragor sexual, Odette fijo su mano sobre la mia y senti su suave presion que tendia a dirigir el lance con precisos y suaves movimientos. Momentos después, la armonia entre ambas manos era total, lo que aprovechó Odette para retirar la suya y dedicarla a otros menesteres...mi inhiesto miembro hacia rato que la esperaba.
Los jadeos de Odette se fueron haciendo cada vez más profundos y más intensos. Notaba como la cadencia de su respiración la marcaba el ritmo de mis caricias. No sabia entonces que aquel abandono progresivo de si misma, de laxitud creciente, no era sino el feliz tránsito hacia esa otra dimensión, donde se expresaban los otros sentidos, el de los placeres mas sublimes. Recibí su orgasmo en un mar de sensaciones contrapuestas. Por un lado, mi boca bebia de la suya, mis dedos se diluian entre las cada vez vez más débiles contracciones de su sexo y mi miembro se rebelaba frente a la opresión axfisiante al que le sometia la mano de hierro de Odette. Cuando me disponia a ejecutar el asalto definitivo... !el castillo ya era mio!...un cambio tactico imprevisto haria variar radicalmente el normal devenir de los acontecimientos. Odette, antes de que yo la pudiera montar, se arrodilló frente a mi parte noble...tomo mi miembro erecto y se lo introdujo en su boca. No me dió tiempo a la queja. o más exacto, las quejas se fueron diluyeron entre los recobecos de su boca y la frenética actividad de su lengua...!Ella sabia lo que hacia!...Tras una breve pero intensa labor de artesanía, descargué en su boca hasta la última gota de mi semen. Su boca quedo inundada de mi pegajoso nectar, pero que ella tragó con sibarítico deleite hasta la última gota. El festín lo remato con la punta del dedo índice y un relame final de la lengua en ambos labios. Era lo que ella queria.
Volvimos a la fiesta no sin antes separarnos. Yo entré por un lado...allí me esperaba todavía Ignacio con el refresco en la mano. A Odette la vi por el otro lado, como se integraba con sus amigos. Su amigo la esperaba...
!Hostia! !Si que has tardado!...!Ni que hubiera sido a tu noche de bodas!...No imaginaba Ignacio lo cerca que habia estado de ello.

19 comentarios:

TELLAGORRI dijo...

No me canso de repetir que eres muy bueno, CHARNEGUET, como descriptor y por tanto como un posible excelente escritor.
Felicitaciones.
Buenísimo el VI.

Guerrera de la LUZ dijo...

Vaaaaaaaaya vaya, menudo fiestón...

Estoy con TELLAGORRI, pienso que escribes maravillosamente bien. Es más, estoy por proponerte para el premio La Sonrisa Vertical :D

Es un escrito maravilloso, en serio. Y exquisito (demasiado).

Un beso.

Guerrera de la LUZ dijo...

Este capítulo de momento es el más bonito de todos, sin duda.

charneguet dijo...

Me abruman vuestros elogios, de verdad...Me derretís.
Tella, Guerrera...os quiero.

deValero dijo...

¡¡Cagon Tó, Charne!!....Que maspuesto lo diennte largos ¡Copón!...y ahora que menrecuerdo ma venío a la memoria mi primera experiensia sesual u mi desvirgue encuando era toavía un infante...Lo curioso der caso e que lo tengo ecrito en un libro donde enrelato mi memoria y que no ha sio ni sera enpublicao jamá, pocque e mu fuette enpolíticamente hablando....

De toa fomma voi a intentá haserte llegá una facsión de mi infansia.....Que iguá te lo envío en fomma de Comentarios fracsionao por capítulo, que no me atrevo a enpublical-lo en mi bló....pa que no se me encachondeen de mi persona to los trolls y Anónimos joputas.

Un abraso fraternal y veraniego.

charneguet dijo...

Un abrazo mi capitán, bienvenido a casa. Te echabamos de menos, copón.

deValero dijo...

Tal y como te emprometí en mi primé comentario, te endedico mi primé desvirgue sesuá, u sea, encuando descubrí er sexo por enprimera vé.
CAPÍTULO 1

Cuando no tuve tanta suerte y sí me pillaron con las manos en la masa, fue en una calurosa tarde de verano de mil novecientos cincuenta y pocos. Entonces tía Reme me pilló haciendo guarradas con Isabelita que era sobrina suya y acababa de llegar de Valladolid donde estudiaba en un colegio de monjas.

Isabelita estaba más buena que un queso. Ya le apuntaban las tetillas y además tenía un buen matojo de pelo rubio en el pubis. Isabelita era muy curiosa y seguía muy atenta mis explicaciones mientras se estiraba nerviosamente los tirabuzones.

-¿Estás seguro que eso del sesenta y nueve se hace así?
-Creo que sí. Lo he visto en las fotos de una revista guarra de esas que vienen de Francia. Si quieres te la enseño.
-Bueno, si sólo es mirar. ....

Isabelita era muy observadora y también muy mandona. Cuando le enseñé la revista que me había pasado mi amigo Pedrín a cambio de una colección de tebeos del Guerrero del Antifaz, la sobrina de la Reme comenzó a morderse las uñas y a rascarse los genitales mientras su respiración crecía en intensidad.

-Pues chico, no sé qué decirte. A mí me parece que esto sólo es una guarrada que hacen los mayores para salir así en la foto, pero que no debe dar gusto ni hacer cosquillas.
-Si quieres lo probamos – insinué, palpándole levemente el culo.

deValero dijo...

CAPITULO 2

Isabelita ni se inmutó por mi inicial ataque. Pasaba las páginas con lentitud, recreándose en la contemplación de la revista y fijándose muy atentamente en las diferentes posturas fotografiadas en blanco y negro.

-¿Y para hacer eso, nos tenemos que desnudar?
-Está claro. En la foto están desnudos.
-Después nos tendremos que confesar y ya me dirás tú como se lo digo al padre Félix.
-Pues no se lo digas.
-En el colegio, las monjas nos obligan a confesarnos y a oír misa cada día.
-Y a nosotros también, pero yo al cura que me confiesa no le digo las guarradas que hago. Sólo me acuso de portarme mal en casa y de decir mentiras.
-¿Tú haces guarradas? – me preguntó incrédula, riéndose con los ojos muy abiertos.
-Alguna vez que otra, sí las hago – le contesté, poniendo cara de experto en la materia.
-¿Y con quién las haces?

Aquella pregunta me pilló de sorpresa. Hubiera podido contestar que cuando Paula, la niña del Segundo A se cruzaba conmigo en el oscuro rellano de la escalera, nos dábamos un beso de tornillo como aquellos que se dan en las películas el chico y la chica momentos antes de que salga en la pantalla el The End. También podía decirle las veces que me masturbaba al cabo del día pensando en ella, puesto que Paula era mayor que yo y no se conformaba con un beso a tornillo y con lengua, sino que además me metía mano en la bragueta y me ponía a cien por hora tocándome con mucho meneo y maestría por su parte.
Después, ya se sabe. Cuando me encontraba a solas en mi habitación me daba por pensar en sus tetas, mucho más grandes que las de Isabelita por supuesto y también recordaba las caricias que le había hecho con mi mano metida entre sus piernas mientras parecía que el corazón se me iba a salir por las orejas; y hasta le hubiera podido definir el olor a bacaladilla que desprendían mis dedos después de explorar el sexo de la Paula que por cierto, los chicos del barrio decían de ella que era una calentorra y que de mayor sería puta.
Cuando pensaba en ella el somier de mi cama comenzaba a chirriar y entonces mi cuerpo experimentaba una sensación inenarrable, como si fuera sacudido por una corriente eléctrica que al llegar al cenit me dejaba sumido inmediatamente en un relajado y profundo sueño.
Hasta que un día ya no me quedé dormido. Mi cuerpo explotó como un volcán en erupción cuya ardiente lava salió disparada hacia las alturas pringando las sábanas y dejándome aterrado y confuso, hasta que se lo conté a Pedrín y me dijo que a él hacía tiempo que le ocurría lo mismo pero su padre le había dicho que eso era normal en los chicos de nuestra edad.
El padre de Pedrín había sido republicano y era muy liberal, como el mío, pero mi padre nunca me hablaba de cosas concernientes a los hombres ni de las cosas que les pasaban a las mujeres por lo que yo estaba casi siempre en la luna al respecto, teniendo a veces que consultar con Pedrín para que me ayudara a descifrar según qué enigmas.

deValero dijo...

CAPITULO 3

-Te he preguntado que con quién haces guarradas. Contéstame o no jugamos a los médicos.

Isabelita permanecía a la espera, muy intrigada por saber quién era la chica que hacía guarradas conmigo.

-Con una amiga mía que es mayor que yo – contesté un tanto azorado – Ella ya es una mujer.
-Yo también soy una mujer y tengo pelos aquí abajo. Míralos – respondió orgullosa, subiéndose la falda y bajándose las bragas.
-¿Pero a ti te sale sangre por el chichi? – se me ocurrió preguntar de repente, sin dejar de valorar en su justa medida el rubio felpudo que me mostraba sin la menor vergüenza.

Isabelita se quedó con la boca abierta mirándome con la misma expresión que podría haber tenido si de repente le hubiera preguntado por todos los nombres de los reyes godos.

-A mí por el chichi sólo me sale pis, pero ahora que lo dices en mi colegio hay unas chicas mayores y dicen que les sale sangre y les duele mucho la barriga.
-Entonces tu no eres una mujer todavía – suspiré aliviado – Ya podemos jugar a los médicos sin ningún peligro. Vete desnudando.
-Ahora mismo, doctor.
Mi amigo Pedrín que era un lince en la materia, me había puesto al corriente sobre las chicas a las que le salía sangre por el chichi una vez al mes.
-Cuando a una chica le sale sangre por el chumino, ya es una mujer. Si se la metes se queda preñada, tiene un hijo y luego te obligan a casarte con ella y si tú no quieres casarte, te llevan a la cárcel.
-¡Hostias Pedrín!
-Lo que yo te diga.

Uno tenía que andarse con ojo a la hora de hacer guarradas con las vecinas del barrio – pensé – no fuera caso que dejaras preñada a cualquier pelandusca y luego te llevaran a Carabanchel por negarte a cumplir con el sagrado precepto del matrimonio.
De todas formas Pedrín tenía soluciones para todo aunque también era cierto que su padre tenía una farmacia y mi amigo sabía dónde se guardaban los chubasqueros del pito, que por lo visto eran unos artilugios que cuando te los colocabas en la minga evitabas dejar preñadas a las mujeres a pesar de metérsela bien metida.

-Te doy un chubasquero a cambio de los diez primeros números de Roberto Alcázar y Pedrín.
-¡Jó, tío! Te doy los cinco últimos y vas que te matas.

Isabelita permanecía totalmente desnuda encima de la cama rascándose insistentemente su recién estrenado vello púbico, sin dejar de observar en las fotos de la revista las posturas que íbamos a representar jugando a ser mayores o a médicos, que para el caso venía a ser el mismo juego. La única condición era meterse mano mutuamente y explorar a conciencia el cuerpo de tu acompañante hasta que uno de los dos, por regla general el chico, después de darse un buen calentón le venía el gusto y soltaba cacho dejando a la chica con cara de pasa y sin saber a qué atenerse.

-Cuando quieras, comenzamos – suspiró Isabelita, estirándose uno de sus tirabuzones.
-Espera un momento que quiero probarme un chubasquero y ver como me queda puesto – respondí sacando el condón de mi bolsillo.
-¡Si no está lloviendo, tonto! ¿Para qué quieres un chubasquero?

deValero dijo...

CAPITULO 4

-No seas ignorante, Isabelita. Esto se lo ponen los hombres mayores en la minga para no tener hijos, no sea caso que luego les metan en la cárcel – le expliqué mientras me colocaba el artilugio tal y como me había enseñado Pedrín.
-Esa cosa se la he visto puesta a mi padre una noche que miré por el ojo de la cerradura, pero a ti te viene grande – objetó extrañada y con cara de asco – Será mejor que te lo quites.
-Es que este es una talla para hombres mayores – me disculpé avergonzado, sin saber cómo demonios rellenar el espacio sobrante en el interior de la goma.
-Además aquí en la foto no llevan eso – puntualizó Isabelita – Hagámoslo igual que ellos. Ven aquí y ponte encima de mí, pero al revés.

Isabelita era muy puntillosa y observadora e intentaba seguir al pie de la letra todas las posturas y gestos que figuraban en las fotografías. Sin embargo a mí la revista me la traía floja y no necesitaba acudir a las fotos para seguir la acción hasta el final. Me las sabía de memoria y estaba deseando acabar con aquello del sesenta y nueve y dejar de tragar pelos; lo que verdaderamente me interesaba era llegar al momento cumbre de la revista, que era cuando se veía al chico calzándose a la chica y los dos ponían una cara de satisfacción, que no veas. Aquel momento – pensé – tenía que ser la hostia.
Sin embargo a Isabelita parecía complacerle aquel juego del sesenta y nueve mientras a decir verdad, yo sentía el calor de su boca y el cosquilleo de su lengua a través de mi piel. Si duda a Isabelita también le agradaba chupar piruletas de menta puesto que se aplicaba a la tarea con gran ilusión y esmero, poniendo sus cinco sentidos en emular a la chica de la fotografía.
Tanto fue así que de repente sentí un estremecimiento que me hizo gritar mientras Isabelita a pesar de ello, no soltaba el caramelo ni queriendo.
El volcán entró de nuevo en erupción sin previo aviso y la sobrina de la Reme soltó la piruleta y pegó un respingo.

-José Luis, debes tener una herida en el pito y te ha salido un chorro de pus. Me has puesto pringada hasta las cejas.
-Eso no es pus, ignorante – contesté jadeante y con los ojos en blanco.
-¿Ah, no? ¿Y qué es entonces?
-Se llama leche, o corrida, o mascada. En algún libro lo llaman semen y si el libro lo ha escrito un cura, dice que es simiente. Y con eso se hacen los hijos, para que te enteres – contesté con la importancia que requería el caso.

No en vano hacía unos días que Pedrín me había pasado un libro que su padre había tirado a la basura calificándole de bodrio para reprimidos. Se titulaba Vida Sexual para Católicos Devotos y estaba escrito por un cura, así que no me extrañó la calificación literaria que del libro de marras había hecho el farmacéutico.
El autor explicaba veladamente las posturas decentes que los católicos tenían que adoptar para concebir un hijo. Y no sólo las posturas, también las palabras que como un mágico conjuro debería pronunciar el matrimonio para que el acto sexual no se convirtiera en una maniobra pecaminosa.
Según el cura que dio a luz tan magna obra literaria, mientras se estaba realizando la labor de concepción era conveniente rezar el santo rosario y alguna que otra jaculatoria de propina para ahuyentar los malos pensamientos. Leyendo esto, pensé que los católicos que siguieran aquellos consejos sin duda eran unos tíos que se aguantaban la hostia antes de correrse, de lo contrario no entendía cómo podían aguantar el gusto teniendo previamente que rezar un rosario con jaculatoria incluida. Para mí era un enigma que ni siquiera Pedrín pudo descifrar.

-Ahora tenemos que probar otras posturas – me indicó Isabelita señalando las últimas fotografías mientras se limpiaba la cara con la colcha.
-Ahora no tengo ganas – contesté muy a mi pesar.
-¿Y cuándo te vendrán las ganas?.
-Pues no lo sé. Cuando se me levante otra vez la minga, supongo – respondí contrito, inspeccionando mis atributos con cierto cabreo.
-Antes no la tenías hacia abajo. A ti te pasa igual que a mi padre, que después de gritar se le desinfla la minga.

deValero dijo...

CAPITULO 5 y Último.

Aquella primera experiencia con Isabelita no dio para más a pesar que intenté recuperarme y seguir al pie de la letra todas las posturas que se veían en las páginas finales de la revista.
En eso estaba cuando de improviso se abrió la puerta del dormitorio y apareció tía Reme que se quedó mirándonos con los ojos como platos.

-¡Madre de Dios bendito! ¿Qué coño estáis haciendo? ¡Bajad de mi cama inmediatamente, guarros, que sois un par de guarros! ¡Uno que va para cura y la otra para monja! ¡Válgame Dios, menudo porvenir le espera a la Iglesia!

Lo que más le dolió a la Reme no fue pillarnos en pelota picada revolcándonos como dos posesos en una orgía, que para esas cosas era muy liberal, sino que estuviéramos haciéndolo en su cama de matrimonio y sobre la colcha de encaje de los domingos que por cierto quedó un tanto arrugada y pringosa, con claros síntomas de haber sido polucionada a conciencia.

A Isabelita no la volví a ver hasta pasados seis años, en la década de los sesenta que fue cuando coincidimos de nuevo por época de vacaciones en casa de la Reme.......

(Pero etto, e otra historia má guarra entavía que no pienso contá ni jarto vino)
Grasia po tu eppasio y discurpa mi Comentario en pla de Okupa.
Un abrasso, camarada.

charneguet dijo...

Mi capitán, el último capítulo no tiene desperdicio, sobre todo aquello del porvenir de la Iglesia...!Uno para cura y otro para monja!..Ja,ja,ja....El padre Pollaza y sor Brevilla en plena acsión epistolar Ja,ja,ja...Espero con impaciencia el encuentro posterior. Hasta casi te lo podria relatar.
Fuerte abrazo para el capitán.

deValero dijo...

Mi querido Charne,

El encuentro`posterior, como tú indicas, fué algo maravilloso a la vez que para mí, de algún modo decepcionante. Yo iba en plan serio, pero ella no. Lo cierto es que fue lo mejor que me pudo ocurrir.

Por cierto que hablando de bugas antiguos, mi segundo coche (el primero fue un Biscuter) era un 2CV como el de la foto, pero no como ese, el modelo Charleston.

Creo que te acordarás que a la hora de echar un casquete en el asiento trasero, al que le tocaba debajo se le partían los riñones por culpa de una jodida barra central que dividía el asiento. Yo siempre optaba por destornillar los cuatro tornillos que lo fijaban al piso, enviar el asiento a tomar por saco y montármelo sobre la puta chapa color gris perla.

Y ahora, con la venia de sus Ilustrísimas, permitid que ensille mi montura, fije el arnés, ponga el pie en el estribo,tome las riendas, azuze a mis 180 caballos, les reposte de brebaje con alto octanaje y me dé el piro o ausente hacia tierras de Sanabria donde poder retozar y bregar todo Agosto con montaraces y bravías mozas poseedoras de abundante e hirsuta pelambrera en los bajos.

Que Dios reparta suerte, y hasta la vuelta.

Natalia Pastor dijo...

Un relato magníficamente escrito y divertidísimo,Charneguet.
Saludos.

charneguet dijo...

Disfrute usté, mi capitán...Y cuidado, a ver si entre tanto caballo, se hostia con un mulo o un pollino, !Copón!...!Hay tanto suelto!...

Se agadece el piropo, Natalia.

Guerrera de la LUZ dijo...

Querido Capitán, mil gracias por la dedicatoria que me dejaste en mi blog de esta narración, me he reído un montón...

Es divertidísimo (y precioso) recordar la primera experiencia sexual. La mía fué con 14 en la madrugada de una playa del mediterráneo, yo también fuí bastante precoz. Luego estuve casi dos años con mi primer amor explorannnnndo, explorando. Nos amábamos como jamás nadie se amó :)

Mi madre se acabó enterando de todo, como todas las madres, y me separó de él, que tenía 2 años más que yo. Sin duda fué el gran amor de mi vida.

¡Besos para los dos!

dadaista dijo...

Sabía de españoles que cruzaron la frontera para ver a Emmanuelle, pero el ir de temporero para tirarsela...ésto, ésto es histórico!!!!Impresionantes relatos, charne.

sds.

PD. Gracias por tu visita.

Anónimo dijo...

Charneguet:
Es fantástica la manera que escribes, ayer por primera vez entre a tu blog y estuve aquí no menos de dos horas.
¡Qué gusto encontrarse un blog como este!

charneguet dijo...

La aceptación y el agrado de los lectores, es la mayor alegria que puede recibir un autor. Aunque no sea escritor, los halagos se agradecen igualmente. Gracias amónimo.