
Corría el año de 1731, concretamente el mes de abril, cuando el buque "Rebecca", una fragata de guerra medio pirata, al mando del capitan inglés Robert Jenkins, era apresada en una zona del Caribe por el guardacostas español "Isabela" al mando del capitán Julio León Fandiño...Él capitán español no le aplicó al inglés las medidas habituales que se aplicaban por pitateria, que era la horca, sino que se limitó a cortarle una de las orejas al capitán apresado. Al desorejado inglés, le devolvió la nave, no sin antes aseverarle: "Ve y dile a tu rey que lo mismo le haré si a lo mismo se atreve"...o sea, piratear, que era lo que habitualmente hacian las naves inglesas en las rutas españolas de Indias...Fué el propio capitán Jenkins quien en 1738, dio a conocer publicamente aquel lance marino, durante una sesión de la Cámara de los Comunes del Parlamento Británico, que al tiempo que leia el mensaje del capitán español dirigido a su Monarca, les mostraba a todos los parlamentarios de la Cámara, la oreja cercenada que conservaba todavía en alcohol y que llevaba en una caja en la mano. Una noticia tan controvertida y tan insólita como el desoreje de un capitán inglés por parte de un militar español, pronto traspasó los límites del Parlamento y corrió como la polvora entre la ciudadania británica, llegando incluso a ser considerado una afrenta nacional. Hasta tal punto era, que el Premier Sir Robert Walpole presionado por la oposición, prensa (ya existía entonces), pueblo y parlamentarios, contra su voluntad, no le cupo más remedio que declararle la guerra a España. En realidad, los ingleses, entonces ya británicos, utilizaron ese hecho puramente anecdótico como excusa, para tratar de incarle el diente al poderio español en América que se les hacia insoportable. Tanto es así, que desde muchos meses antes, se preparaba una inmensa flota de invasión, al que se se encargó organizar al entonces Almirante más prestigioso con que contaba la Marina Británica, el Almirante Edward Vernon. Mientras, siguiendo los protocolos y tras la previa retirada del Embajador inglés en Madrid, el 19 de octubre de 1739, los británicos declaran la guerra a España. La Guerra de la Oreja se llamaría.
En cuestión de dos años, los ingleses armaron una gigantesca escuadra compuesta de de 186 navíos (los datos los da Richard Harding en su "British Expedition to the West Indies 1740-42) ), dispuesta a acabar de una vez por todas con el poderío español. Aquella inmensa Armada superaba en 60 navios a la desdichada "Armada Invencible" de 126 navios, que siglo y medio antes, habia dispuesto Felipe II para la invasión de Inglaterra y que acabó en desastre por las razones que ya conocemos...
Aquella descomunal fuerza naval la formaban, además de los 186 navíos, 3190 piezas de artilleria y una tropa de desembarco de 23.600 soldados perfectamente equipados y abastecidos por una flota logística auxiliar (datos ingleses de la Royal Navy) entre los que formaban también parte, Lawrence Washington, hermano del Presidente americano del mismo nombre, que mandaba un sector del ejército invasor.
La formidable Escuadra se reunió en Port Royal en la isla de Jamáica y desde allá zarparon con un plan perfectamente diseñado para acabar de una vez con el dominio español en el Caribe y resto de América. Primero arrasarian las defensas españolas de Portobello en Panamá y de Cartagena de Indias, para luego, sin ningún tipo de apoyo desde el continente, atacar La Habana e invadir la isla.
Muy felices se las vieron los ingleses cuando con una parte de la escuadra, atacaron Portobello y en cuestión de horas, tomaron el primer fuerte, el Todofierro en la entrada del puerto y el Gloria y el San Jerónimo mas al interior...Los defensores, unos 700 entre los tres fuertes, se rindieron de inmediato ante tan descomunal exhibición de fuerza, capitulando practicamente sin lucha. Los propios ingleses se asombraron de la facilidad con que tomaron las plazas. No tardó su Almirante Edward Vernon en mandar un correo al Rey Jorge, notificando la "gesta"...y tal fué la trascendencia que se le dió en toda Inglaterra, que hasta se compuso el "God Save the King", el actual himno inglés.
Pero la cosa no acabó aquí, subidos en una nube de prepotencia, de desprecio y de insolencia sin límites, los ingleses se atrevieron a acuñar una serie de monedas conmemorativas de la toma de Cartagena de Indias, cuando ni siquiera se habia entrado en combate. Vender la piel sin haber cazado el oso que se dice...La moneda llevaba impresa la figura del almirante Edward Vernon, recibiendo la espada de un arrodillado almirante Blas de Lezo y en el anverso, una cita: "La insolencia española derrotada"..Como anécdota referiré que Blas de Lezo, el almirante español, era cojo, manco y le faltaba un ojo...un auténtico lobo de mar curtido en cien batallas...le llamaban el "Mediohombre", tal era su aspecto. Todas las mermas recibidas en combate, pero que en la moneda inglesa aparecia con piernas y brazos, tal y como se puede observar en la moneda acuñada.
No voy a detallar los 63 dias de asedio que sufrieron los españoles ante el ataque inglés a Cartagena de Indias, pero en verdad, fueron terribles, sobre todo por la diferencia abismal de fuerzas entre los contendientes. Los defensores españoles sumaban 2800 y seis navios, a los que se sumaron 600 arqueros indios. Los seis navíos propios fueron incendiados y hundidos por orden del Virrey de Cartagena en el centro de la bahia para evitar la supuesta maniobrabilidad del los navios enemigos, contra la postura de Blas de Lezo que lamentaba esa decisión. Los ingleses lograron salvar a tiempo del hundimiento a la fragata "Galicia" buque insignia de la flotilla española, que luego la utilizarian para bombardear la fortaleza de San Felipe, como un navío inglés más. Al final, fué hundida por las defensas de la plaza, llevándo a la muerte a los marinos impostores.
La batalla decisiva se libró en el intento de la toma final de la fortaleza de San Felipe. Los ingleses concentraron todas sus fuerzas para la toma definitiva, tras haber haber conquistado las semanas anteriores, el fuerte de San Luís y el de Bocagrande. En la madrugada del 20 de Abril de 1741 se inició el ataque por varios frentes. Un sencillo truco militar del almirante español Blas de Lezo, sería determinante para el desarrollo de la batalla...habia hecho escavar un foso alrededor de la plaza de unos dos metros de profundidad, de manera que las escaleras de asalto inglesas no llegaban al borde de la murallas. Cargados como iban, la mayoría de las fuerzas inglesas no pudieron escapar del foso, donde fueron masacrados sin piedad, y los que sí, fueron perseguidos y muertos en una desbandada caótica propiciada por el pánico.
El desastre inglés fué terrible:
Cerca de 3800 muertos en combate, 2400 muertos por enfermedad, 7800 heridos, 6 navios de tres puentes, 14 navios de dos puentes, 4 fragatas, 27 transportes y 1600 cañones...Además, los ingleses hubieron de hundir unos cuantos navíos más por falta de tripulación. Las bajas españolas se cifraron entre los 200 de algunos historiadores y los 600 de otros, además de los 5 navios hundidos por decisión del Virrey Eslava. El sexto, como se ha señalado, el "Galicia" también fué hundido, pero esta vez por las propios cañones españoles, aunque los tripulantes de la nave entonces eran ingleses.
Aunque el almirante Vernon a su vuelta a Inglaterra fué recibido con grandes honores, poco a poco se fué conociendo la verdad...¿Donde estaban los navios que faltaban?...¿Y el ejército de infanteria?...Y lo más importante...¿Cartagena de Indias era ya inglesa?...El almirante Edward Vernon le echaba la culpa al general Wentworth del desastre y viceversa. Lo cierto es que Inglaterra sufrió la mayor derrota naval y militar de toda su historia. Inglaterra también tenia su "Armada Invencible" y derrotada precisamente frente a España... Edward Vernon murió en 1757, victima de su soberbia e insolencia, ahora si fundada, repudiado por los suyos y el Rey Jorge !! prohibió toda publicación sobre tan vergonzoso episodio, incluidas las monedas que conmemoraban una victoria ful inglesa, pero eso si, que ponian a cada uno en su sitio en el juicio de la historia.