domingo, 21 de febrero de 2010

PETRA, UNA DAMA DE CASTILLA


Mis abuelos paternos tenían una casucha en la zona que hoy ocupa la estación de la RENFE de Chamartín. Allí vivian junto a sus seis hijos hasta que se la expropiaron y con las cuatro perras que les dieron por ella, compraron otra en el pueblo, donde vivía el resto de la saga familiar. Esto acontecía durante el tiempo que va desde la dictadura de Primo de Ribera y lo que duró la República, hasta ya entrada la guerra. Mi padre me contaba que trabajaba en una lecheria. La casa que compraron en el pueblo, una casa pequeña que hacía esquina a la carretera de Burgos, tenia una planta baja, otra arriba, chimenea y cuadra. Sobre la fachada, un cartelón metálico de publicidad "Shell". En esta casa de mis abuelos, nací yo. Todavía existe. Recuerdo a mi abuela como si fuera hoy, luego contaré algo sobre ella...y a mi abuelo, un guarda forestal al que un dia le robé los cartuchos del mosquetón, para venderlos en la chatarrería que estaba justo enfrente del cuartel de la Guardia Civil, para comprarme con lo que me dieran, una matraca, un artilugio compuesto de uno, dos o tres martillos que golpeaban una madera haciendo un ruido ensordecedor y que un señor del pueblo, las fabricaba por dos o tres pesetas,. Se solía tocarlas en Semana Santa hasta que el cura las prohibió. Tenía yo entonces unos siete años. El chatarrero, que se llamaba Lucas, de unos cinco o seis años máyor que yo, recuerdo que me dijo: estas balas están cargadas. Yo le decia que no, para que diera pronto las perrillas y comprarme la matraca. Cierto es que yo no tenia ni idea de lo que significaba eso de que las balas estaban cargadas...para mi era metal y punto.

-!Espera un momento!...!Voy a preguntar en el cuartel!..me dijo Lucas.

-Bueno, haz como quieras!...contesté yo resignado...

-!Eh, chavalín!...!Ven aquí!... me dijo el cabo de los civiles. ¿De donde has sacado estas balas?...

-Son de mi abuelo...las tenia en la mesita...

-¿De tu abuelo?...!Anda, dile a tu abuelo que venga!...La casa cuartel la separaban menos de cien metros de la casa de mis abuelos .Para entonces todavía no intuia yo que algo grave se avecinaba...si acaso, me preocupaba el hurto en si, pero tampoco demasiado, al fin y al cabo las balas eran de mi abuelo y el hurto era menor...

!Abuelo!...!Que dice la guardia Civil que vayas al cuartel!...

-¿Que vaya yo al cuartel?...¿Que te lo ha dicho la Guardia Civil?...

-!Si!...!Que vayas enseguida!...Noté a mi abuelo inquieto y extrañado y solo entonces me percaté de que le habia metido en algún lio, aunque tampoco sabía bien porqué...A media mañana lo vi bajando la cuesta con la borrica por la vereda que rodeaba la era donde yo estaba jugando con mis amigos...

-!Ven para acá!...me dijo. Me acerqué a él como si nada hubiera pasado, pero cuando estuve a su altura me marcó con la vara de fresno que llevaba...Nunca olvidé aquel varazo que me crujió medio cuerpo

Mi abuelo se llamaba exactamente como yo. Era un tipo enjuto, sobrio, de pocas palabras, curtido por los frios y los calores de la meseta, como los de Castilla que describía Azorín. Yo, apenas si le conocí. Se que después de la guerra metió en la casa a una conocida, una amiga de mi abuela creo y con la que tuvo una hija. Mi abuela, cuando se enteró de la cosa, intentó clavarle unas tijeras a la concubina, aunque sin demasiado éxito. Aquel lance amoroso de mi abuelo, les marcó para el resto de sus vida, bastante desdichadas debo decir, hasta que mi abuelo murió. Las historias de alcoba en aquellas épocas eran cosas muy serias. Mi abuela le sobrevivió todavía bastante años.

Pero quería hablar de mi abuela. Hacía poco que había terminado la contienda civil y mi abuelo llega un día que desaparece sin dejar rastro. Denuncian la desaparición a la Guardia Civil y nada, como si se le hubiera tragado la tierra. Ninguna noticia, ningúna pista, nada de nada...Hubieron de pasar algunos meses para saber que habia pasado con mi abuelo. !Claro que la Guardia Civil sabia donde estaba mi abuelo!.!Si fueron ellos quienes se lo llevaron detenido!...Pero por alguna razón, se lo ocultaban a mi abuela y al resto de la familia. Estaba preso en un centro de detención que habia en Colmenar Viejo. Allí se tiro más de un año y todo ello, sin cargos penales y sin saber la razón, ni el origen del denunciante. Hay que decir que todo funcionaba de esa manera, no era una anormalidad. Una denuncia, generalmente anónima, una detención y un fusilamiento semanas después. Así de simple eran las cosas éstas en aquella época de después de la guerra. Los fusilamientos estaban a la orden del día. Mi pobre abuela tenía un carrito y un asnillo y todos los dias al alba, salia hacia Madrid con frutas y verduras para vender y volvia al pueblo tras vender el género. Mi tia y mi padre, los mayores de seis hermanos, mientras, en el pueblo, preparaban durante el dia el genero que mi abuela debía llevar al dia siguiente a la venta. Trabajo sin descanso y encima, el fusilamiento de mi abuelo pendulando sobre la familia un dia si y otro también. Y así transcurrieron las cosas durante más de un año.

Cierto dia, volviendo de la capital tras la dura jornada, el autobús de linea que hacía el trayecto contrario, se detuvo tras ella en plena carretera. Instantes después bajó una señora elegantemente vestida que la llamó: !Petra!...!Petra!...Era una antigua amiga de mi abuela, camisa vieja para más señas, que tenía familia en el pueblo a la que visitaba de uvas a peras y que tras la visita, volvia hacia Madrid. Parece ser que en una de aquellas cuestas, el autobús iba tan lento que le dió tiempo a reconocerla. Se abrazaron. Mientras el autobús esperaba (entonces estas cosas se podian hacer si era a petición de algún personaje importante que viajara en él), mi abuela le contó todas sus cuitas y justo al dia siguiente, casi por ensalmo, mi abuelo quedó en libertad...

Como en casi todas las familias, en la mia, hubo gentes en los dos bandos, pero he de decir, cosa rara, que no hubo muertos ni asesinados, ni en un lado ni en otro. Mi abuelo fué el que estuvo más cerca de romper la estadística. Todo devino en esta guisa...el hermano de mi abuela, era el administrador de una de las caciques del pueblo, Dª Esperanza Abad, o Ximenez, creo recordar que se llamaba. Cuando en el 36 las hordas de milicianos mataban, ocupaban y expropiaban las casas y fincas de los caciques, para salvaguardar sus bienes del saqueo, a mi tio abuelo, el administrador, tras consultar a la potentada, no se le ocurrió mejor cosa que meter a su hermana, o sea a mi abuela en la casa, que estaba justo enfrente de la suya. Como mi abuelo era un afiliado a la UGT, creian que con ello podrían evitar el saqueo, como así ocurrió. Eso si, a la cacique Dª Esperanza, hubieron de esconderla, a través de amigos de confianza y mantenerla en un piso en Madrid por la zona de Cuatro Caminos, donde pasó toda la guerra. Decir huelga que si la hubieran pillado, sin duda la hubieran asesinado. Mi abuela la llevaba cada dos o tres dias, leche, carne y lo todo que se podía en aquellas circunstancias, que dicho sea de paso, a ella también la hubieran matado, por dar cobijo a una enemiga de la clase proletaria. Pués agarrense, fué precisamente esta señora la denunciante anónima, la que metió a mi abuelo durante más de un año en la prisión. Cuando mi abuela se enteró de la infame villanía cometida !menuda era!, a las bravas fué a por ella. Montó un escandalo de los que hacen época, tal fué así que hasta hubo de intervenir la Guardia Civil y el Gobierno Civil tomó cartas en el asunto. Bien sabian ellos de la inocencia de mis abuelos. Parece que órdenes de arriba, taparon el escándalo y el desorden público que mi abuela creara. A mi abuela ni se atrevieron a detenerla y estamos hablando del año 41 o el 42, en plena escabechina franquista. Pasados los años, los odios y rencores se apaciguaron. Fué un tio mio, hermano de mi padre, el más avispado, quién explotó el inagotable filón de los cargos de conciencia de la desagradecida cacique. Hasta le cayeron algunas tierras como compensación por la felonía. Pero la ingrata y desagradecida felona, aunque si saciara la codicia de mi avispado tio, nunca consiguiera la absolución definitiva de mi abuela, que era al final, lo único que ella pretendía. Cosas del honor de la rancia estirpe castellana, supongo

15 comentarios:

José Luis de Valero dijo...

En los hechos históricos acaecidos en aquellos negros años es dificil, por no decir imposible encontrar relatos que puedan comentarse con una cierta ironía.

Lo tuyos, al igual que los míos van impregnados de ácidos recuerdos que el paso de los años no ha podido borrar.

En uno de los comentarios recibidos en mi post, alguien me dice que nosotros, los viejos, somos el último bastión o la última generación que habla o escribe crudamente con pleno conocimiento de causa sin concesiones a la galería.

Creo que tiene razón. Aunque parodiando otra frase..."Nadie hablará de nosotros cuando hayamos muerto".
Y yo añado que ni puñetera falta que hace, pero....

Quizá algún día nuestras viejas páginas patinadas por el tiempo, les sirvan a otros de estímulo para ocupar nuestro puesto en las trincheras que de seguir así, se abrirán de nuevo en un país de Caínes llamado España.

Mi leal abrazo, querido amigo.

Javier Tellagorri dijo...

Bravo, Charne, has redactado una página más de aquella España negra, maloliente,carente de luz y de perspectivas.

Me siento cómplice de este magnífico retrato literario por empujarte a hacerlo, y estoy feliz de ver el resultado.

De Valero da en el clavo cuando dice que aquí no caben ironías, y que estos recuerdos vividos son ya como la Guerra de Filipinas para las actuales generaciones.

Aquella época en que había que cuidar de que las algargatas no se gastaran, de que el encendido de la luz eléctrica estaba medido por razón del gasto, que las ruedas de los poquísimos camiones que circulaban estaban recauchutados, o con parches de goma encima porque no había ruedas nuevas en venta, de cuando las mujeres llevaban bajo las largas faldas barras de pan blanco para veenderlas de contrabando en la ciudad, en fin, de cuando pasaban por las calles los falangistas y sus bigotitos recortados junto a militares y curas y todo el mundo se escondía en algún rincón o portal, por si las moscas.

Todo esto y muchísimo más lo tenía olvidado y me lo has rememorado con elegancia y estilo.

Los vehículos por excelencia eran la bicicleta de 30 kgs, el burro y el autobús que no subía cuestas cuando iba cargado.

Un abrazo Charne.

isra dijo...

Es evidente que por edad ni remotamente viví esa época, conozco lo que me cuentan mis padres y en parte he de discrepar.

Hay veces que cuando termina de contarme sus aventuras mi madre me quedo impresionado y a pesar de todo te deja ver que, a pesar de las miserias, fue feliz y se puede transmitir a pesar de contar cosas durísimas, como tú haces.

El tiempo cicatriza y si le añadimos la inteligencia y una forma de escribir brillante y entretenida se puede poner una gota de humor incluso a los relatos más duros.

A lo mejor no tengo razón, puede ser (difícil pero puede ser) pero gracias a dios siempre intento desdramatizar todo lo posible, bastante tenemos con el día a día.

No sé si lo he dicho pero me encanta leer estas historias "vitales", son tan gráficas que se conoce de primera mano esa época.

Anónimo dijo...

¡Qué bien escribes!
La dureza de los hechos que relatas, no le resta un ápice, al placer de leerlos.
Escucha a tu amigo Tellagorri:
¡ESCRIBE!

charneguet dijo...

Capitán, Tella, Isra...Más que de un intento literario, he procurado acercarme a los hechos que relato de una manera aseptica y directa, tal como me los contaron. Como si se tratara de un testigo delante de un juez.
Mis valoraciones morales son mínimas. Se tratan de unos hechos de hace setenta u ochenta años y si los comparamos con otros acaecidos durante la misma época, son irrelevantes.
Pero si he querido resaltar la posición de este tio mio. Hizo de la disputa su meollo existencial. Las razones morales de su madre o la culpabilidad de la otra, le importabn un rábano. Incluso si hubiera sido al revés. Solo habia una cosa que importaba: Rentabilizar el victimismo y la explotación torticera de las culpabilidades. Y eso lo hizo muy bien. Algún día hablaré de él.

Javier Tellagorri dijo...

CHARNE

Hay un escritor que escribe al estilo tuyo y sobre estas cosas en un libro excepcionalmente BUENO, y que se titula " La imprenta Babel". Su autor es ANDREU CARRANZA.

Os recomiendo a todos que lo leaís. Y vereís un Charne en forma de libro.

Cuando escribes así siempre me recordaba a alguien y hoy he caído del guindo. Es ese libro que cito.

José Luis de Valero dijo...

AVISO

EL CANAL DE RADIO TV ANTIZP HA SIDO BORRADO DEL MAPA POR DECISIÓN UNILATERAL DE YOUTUBE.

¡VIVA LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN!

Lola dijo...

Son historias que hacen darte cuenta de la verdadera dimensión del miedo y de lo bajo que puede llegar a caer el ser humano.

Un gustazo leerte, "Charne".


Un abrazo.

charneguet dijo...

Tella, buen amigo, creo que me valoras en exceso. Escribir un texto corto, no es lo mismo que afrontar una obra de más calado, tipo ensayo, novela, cuento o poesía. Además del dominio de la lengua y su amplísimo léxico, están sus reglas y recovecos gramaticales. Una obra no solo se nutre del ingenio, también hay que dominar la mesura y el equilibrio. Ser escritor es algo muy serio querido Tella, pero te agradezco las lisonjas. Viniendo de ti, las valoro mucho más.

charneguet dijo...

Lola, cielo, el gustazo es mio por tener una lectora como tu. La vida al final, no es sino una suma de historias. Y entre ellas, a veces algunas son de valor y otras veces de miedo. Besos

dauerseis dijo...

¿el relato es cierto, o es pura invención?
Pero sea cual sea la respuesta, enhorabuena, Sr. charneguillo

Caballero ZP dijo...

Muy buen relato, entre Jose Luis y tú nos tenéis impresionados.
Felicidades.

Anónimo dijo...

Dauerseis, el nuevo nick de la loca.

Guerrera de la LUZ dijo...

Jo, vaya época durísima en todos los sentidos os tocó vivir...

Muy fuerte lo del varazo que te dió tu abuelo :| ainsss

Lo de las tijeras es tronchante. Qué historias.

Muy bueno el relato cielo, escribe más. Besos.

Anónimo dijo...

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